martes, 27 de enero de 2009

La crueldad de la vida.

Hoy mientras desayunaba en el descanso de la mañana, me he enterado que la cuñada de un compañero de trabajo ha fallecido.

Una chica de unos treinta y pocos años a la que le descubren cáncer de pecho durante el embarazo. El tratamiento consiste en unas pocas sesiones de quimioterapia suave y le dicen que hoy en día el cáncer de pecho no tiene mayor problema, que la medicia en ese campo ha avanzado mucho, bla, bla, bla...

El día 5 de este mes da a luz un bebé precioso y sano. Está 4 días con él y el resto de su familia y al 5º día ingresa de gravedad con el cáncer extendido por casi todo su cuerpo. Sin que los médicos puedan hacer ya nada, muere.

Estos sucesos, además de darme mucha pena, hacen que me ponga de mal humor con todo el mundo porque nos dedicamos, la mayoría de nuestra vida, a criticar al prójimo y a envidiar lo que tiene y lo que deja de tener; nunca nos conformamos con lo que tenemos y por ello, tiramos de la manta hasta dejar los pies al aire y, cuando flaquean las vacas, entonces nos echamos las manos a la cabeza; protestamos siempre por todo y de todo... es que el egoísmo no nos deja ver más allá?

Cuando veo el telediario sólo hay noticias sobre la crisis, el aumento del paro, que si el barril de crudo sube (porque pocas veces baja), que si atentado por aquí cerca, que si guerra un poco más lejos, que si más rápido o más despacio nos estamos cargando el planeta... dónde vamos a parar?

Disfrutemos de las cosas buenas de cada día aunque sean pequeñas porque, a veces, son las que más nos llenan, no dejemos que sombras y enfados nos distancien de sentimientos que hacen que nuestra CORTA vida merezca la pena, disfrutemos del frío, del calor, del día, de la noche, de la compañía, de la soledad... disfrutemos de todo lo que nos hace sentir vivos y dejémonos de tanta mariconada.


Humanity by Scorpions




Humanity
Auf wiedersehen
It's time to say goodbye
The party's over
As the laughter dies
An angel cries
Humanity
It's au revoir to your insanity
You sold your soul to feed your vanity
Your fantasies and lies
You're a drop in the rain
Just a number not a name
And you don't see it
You don't believe it
At the end of the day
You're a needle in the hay
You signed and sealed it
And now you gotta deal with it
Humanity
Humanity
Goodbye
Goodbye
Be on your way
Adios amigo there's a price to pay
For all the egotistic games you played
The world you made
Is gone
You're a drop in the rain
Just a number not a name
And you don't see it
You don't believe it
At the end of the day
You're a needle in the hay
You signed and sealed it
And now you gotta deal with it
Humanity
Humanity
Goodbye
Goodbye
Run and hide there's fire in the sky
Stay inside
The water's gonna rise and pull you under
In your eyes I'm staring at the end of time
Nothing can change us
No one can save us from ourselves
You're a drop in the rain
Just a number not a name
And you don't see it
You don't believe it
At the end of the day
You're a needle in the hay
You signed and sealed it
Now you gotta deal with it
Humanity
Humanity
Humanity
Goodbye
Goodbye
Goodbye
Goodbye

viernes, 16 de enero de 2009

En el trabajo...

No os podéis imaginar cómo lo echo de menos. Es cerrar la puerta de casa y notar que me falta algo, como si una parte de mi se quedara con él.
No es que no pueda vivir sin él (pero ya no sería lo mismo) pero el no poder hacer las cosas con él no tienen el mismo sabor, la misma sustancia, la misma satisfacción que cuando las hacemos juntos.
Intentando centrarme en el trabajo que tengo por hacer cuando los continuos bombardeos de recuerdos me llevan a miradas perdidas hacia el ordenador y me arrancan sonrisitas de mujer enamorada.
Echo de menos el calor de sus besos, de sus caricias, e imaginarlas logra un estallido de placer que me recorre toda la espalda,...
No os imaginais el brillo que se me pone en la mirada al acercarse la hora de volver. Cosquillas de mariposas en el estómago me hacen ir volando hacia su lado.
Y al llegar no hay mejor recompensa: una sonrisa alumbrada por una mirada alegre por la espera finalizada, seguida del calor de un abrazo que no quiere volver a soltarme y todo el cariño de un beso.

Te quiero. Un beso.

viernes, 26 de diciembre de 2008

EN UNA NOCHE DE VERANO...

Llevaba acechándola varias horas entre las sombras. Si tratase de amor, habría sido amor a primera vista, pero lo que sentía era necesidad de apagar su sed de sangre y la suya le atraía hipnotizadoramente.
Pero ella no iba sola. Eso le impedía acercarse. Aunque bien podía acabar con su insignificante acompañante en un abrir y cerrar de ojos. Aquella medianía de hombre no era rival para él. Ni siquiera diez hombres juntos podrían contrarrestar su fuerza, sin mencionar su rapidez de movimientos y velocidad.
La pareja se detuvo, por fin, en la puerta de una casa. La despedida fue apasionada como si fuese a ser la última. La lengua de aquel bastardo recorría todo el orificio bucal de su futura presa intentando llegar hasta lugares inaccesibles. Las manos recorrían la figura femenina con ansias de tocar piel.
Estaba empezando a perder la paciencia que no solía tener pero cuando estaba a punto de salir de su oscuro escondite, llegó su momento. El momento de caer sobre su presa: los amantes se despedían y el "don Juan" se alejaba desapareciendo, finalmente, en la oscuridad de un callejón.
Sigilosamente, se acercó a su víctima, que estaba abriendo la puerta y antes de que pudiera encender la luz, se abalanzó sobre ella sin miramientos.
Con hambrienta rapidez, clavó sus colmillos en el largo cuello y sorbió su dulce sangre saboreando lentamente cada gota al mismo tiempo que apagaba la llama de su vida.
Cuando se hubo saciado la soltó y, fue en ese momento cuando se percató de la frágil belleza de la mujer que acababa de calmar su necesidad, de la extremada blancura de su piel y de la negrura de su cabello. Una belleza que ya se desvanecía.
De la habitación contigua emergió un débil gemido. Sin temor, fue en busca de su origen.
En una pequeña cuna dormía plácidamente un bebé de pocos días de vida.
Lo miró detenidamente.
Su corazón, que hacía siglos que no latía, parecía querer hacerlo. Sintió pena por aquel pequeño ser, indefenso, al que había desprovisto de la mano que lo alimentaba y lo cuidaba. La pena se tornó rabia. Él, que había nacido así, como el bebé que estaba mirando, humano, no monstruo; ahora se sentía mucho más monstruo. Él, que nunca había mirado atrás en sus acciones, se encontraba con un torbellino de pensamientos que le oprimían el pecho. Él, que no tenía alma.
Reprimiendo un rugido de impotencia, cerró los ojos, como tratando de buscar ayuda en la oscuridad y al no hallar respuesta alguna, lentamente, volvió a mirar al niño con añoranza, lo tomó en brazos y desapareció.

...

En el periódico local del día siguiente se leía la noticia que hablaba del hallazgo del cuerpo de una chica atacada por alguna fiera, suceso que investigaba la policía.
Dos páginas más adelante aparecían los ojos de una monja que, bondadosos, miraban al bebé que llevaba en brazos cubierto con una pequeña manta de cuna. Bajo la foto se leía: "Bebé abandonado en el orfanato".

martes, 9 de diciembre de 2008

LUCHA

Como una espesa niebla, extiende sus manos negras para apresar mis pensamientos y llevarlos hacia la tristeza más oscura para convertirlos en recuerdos sibilinos de otra vida.
Me enfrento a ella interponiéndome en su camino, luchando contra sus oscuros propósitos que tratan de conducirme a la desconfianza, a la frialdad, a la distancia.
Le enseño los dientes como haría una loba para proteger a su progenie y le aullo a la luna pidiendo auxilio porque las fuerzas, a veces, también flaquean. En esos momentos de desánimo, me escondo tratando de no ser vista y encontrar tranquilidad aunque solo sea por un instante.
Pero en la caída hacia el sometimiento, una mano de fuego alentador tira de mi para levantarme y guerrear de nuevo, dándome alas de ánimo y esperanza para continuar luchando por lo que quiero.

"SOMBRA QUEDAS ADVERTIDA"

jueves, 4 de diciembre de 2008

El Faro


Decir que llevaba haciéndolo 33 años, sería inapropiado, pues de recién nacida a lo que básicamente de me dedicaba era a dormir y a lloriquear un poco para comer, por lo que me han contado.

Pero con el paso de los años y en un entorno familiar poco favorable con unos patriarcas que no me guiaron adecuadamente, me he dedicado a buscar una luz que me llevara a buen puerto donde poder echar anclas.

En esta búsqueda, a veces desesperada, en un intento casi suicida por tapar el hueco que provoca la soledad, ha anclado en puertos vacíos de toda moral y lealtad, que me habían guiado con una luz de buenas manos que mostraban mentiras disfrazadas de cariño, confianza, entendimiento y de un: "Ven, este es buen puerto".

A pesar de haber atracado en muchos puertos y de salir haciendo aguas de todos ellos, la esperanza continuaba llenándome el timón de ilusiones.

-No desesperes. Un día lo encontrarás y no será fácil pero será el de verdad, y, aunque no lo sepas, te está esperando -me decía.

-Cállate! -le suplicaba-.Deja de torturarme, déjame vagar perdida por los inmensos océanos de la vida. Estoy cansada de dejarme llevar por falsas luces.

Por una vez en mi vida, quería gritarle a los cuatro vientos: "Estoy aquí!". Y cuando estaba llenando los pulmones, vi una luz en la lejanía y me entró miedo. Cambié el rumbo para no verla y le grité al viento del norte, al del sur, al del este y al del oeste, formando un huracán de liberación que infló mis velas de aislamiento que me llevaron hasta una lejana isla desierta.

Pero cada vez que se ponía el sol, podía ver de reojo esa luz que entre susurros me decía: "Estoy aquí". Y desde aquella lejanía le fui hablando, precavida, temerosa. Y su luz cada vez brillaba un poco más tratando de darme confianza y esperanza, encendiendo en mí una llama nunca encendida, que yo trataba de sofocar infructuosamente.

Cada ola que se desvanecía en la orilla, me dejaba un nuevo susurro lleno de dulzura que me provocaba cosquillas, llenándome de una alegría inusualmente esperanzadora, llenando mis velas de ganas de acercarme a ese puerto para ver esa luz de cerca.

Así, que un día, levé anclas y traté de dejar parte del lastre del pasado en aquella isla y comencé a navegar siguiendo esa luz. Una luz, que se hacía más dulce y más fuerte cuanto más me acercaba, y, a pesar de mis temores, llegué a puerto, donde encontré un pequeño faro robusto, que abierta y desnuda, me tendía una mano confiada para ayudarme a llegar hasta él y darme cobijo.

Y a pesar de los temores y algunas heridas aún abiertas, me resguardé en su calor. Y como me había dicho la esperanza, no ha sido fácil, pero las cosas fáciles no son las que realmente merecen la pena. No son las que te hacen sentir plena y te dan satisfacción. Felicidad.

Mi barco está atracado en puerto, con las velas recogidas y el ancla fundido con el fondo del mar.

Porque a veces buscamos un buen puerto y lo que nos está esperando es un faro.